En días pasados el Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE – reveló la cifra de nacimientos del año anterior, 445.011 bebés, que muestra la primera caída por debajo de 500 mil desde 1998 cuando iniciaron los registros. Esta cifra muestra una disminución de 13,7% frente a 2023 pero además cae 40,8% respecto al año 2000 cuando se presentaron 752.800 nacimientos.
Las razones van desde cambios en la educación y en los roles familiares, incertidumbre económica, mayor conocimiento y uso de métodos anticonceptivos, cambios culturales y del modelo familiar, diferencias en las aspiraciones de las personas más jóvenes y sin duda la influencia el factor de inseguridad y crisis social que en Colombia es muy relevante.
La caída en la natalidad reflejará situaciones en el corto, mediano y largo plazo que impactan la economía de una u otra forma. Por ejemplo, y de manera inmediata ya debemos pensar en menos consumo de leche de fórmula, utilizada en la dieta de los bebés. Sin embargo, el menor consumo agregado de ese segmento poblacional será para los diferentes bienes y servicios a lo largo de su vida, lo que incluye carne y leche.
En ese sentido, y a sabiendas que la población tiene menor ritmo de crecimiento, la única forma de mitigar las caídas en el consumo agregado por la afectación demográfica es aumentar el consumo per cápita, es decir que cada uno de los niños recién nacidos pueda consumir más leche y carne en las diferentes etapas de su vida, lo que dependerá del mejoramiento de su nivel de ingreso per cápita o familiar, y de que los hábitos de consumo que pueda desarrollar tengan menor influencia de las falsas narrativas frente a la ingesta de cárnicos y lácteos.
Pero además la caída en la natalidad reflejará retos en un factor que ha sido crítico para el sector rural colombiano y específicamente para el agropecuario: el relevo generacional. La aceleración en el envejecimiento del sector agro es una realidad: del total de hombres que hacen parte del sector ganadero el 59% tiene más de 50 años mientras que en la mujeres la participación es de 54%.
Y no es que una persona a los cincuenta años sea vieja, pero con menor ritmo de nacimientos también la probabilidad de tener mano de obra en el sector disminuye, lo que también generaría dificultades en la oferta de productos ganaderos. Además, no olvidemos que la garantía del sistema pensional está en las cotizaciones que realizan quienes están en su vida laboral para financiar a los jubilados, que además demandan más al sistema de salud por condiciones naturales.
Hoy las familias son menos numerosas, lo que significa menos personas jóvenes laborando. De acuerdo con Asofondos en el año 1950 había alrededor de once trabajadores activos por cada adulto mayor de 65 años; hoy solo hay cuatro, en 2050 serán dos y hacia el año 2100 solo uno.
En 2024 la población total fue 34,6% más de la registrada en el año 2000, pero los nacimientos en igual periodo cayeron 41%. Esta condición sin duda marca inmensos retos sobre el consumo de una población joven que tiende a reducirse y en el de una población jubilada que depende de la pirámide pensional para mantener su demanda. La oferta de mano de obra también pasará otras cuentas de cobro.