Zonas de reserva en proceso de paz
Foto: Página del ganadero

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¿Qué negocia nuestro negociador?

Por - 07 de Abril 2013

Llega la prueba de fuego para el Gobierno en la negociación de la guerrilla, con la aprobación o no de las Zonas de Reserva Campesina. Se impone la sindéresis sobre los intereses.


Llega la prueba de fuego para el Gobierno en la negociación de la guerrilla, con la aprobación o no de las Zonas de Reserva Campesina. Se impone la sindéresis sobre los intereses.

Llega la semana de pascua y seguimos en el tema del proceso de paz con la jácara de que nos faltan 5 centavos para el peso para culminar el punto del tema rural. También pasó otro foro –el Tercer Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina, el pasado 22 y el 23 de marzo en San Vicente del Caguán– con el que la izquierda avanza en su estrategia de consolidar el objetivo de ganar territorialidad, utilizando al campesino, endilgándole que son quienes demandan las trasformaciones del país, y afilando las plumas de quienes se empeñan en atizar odios sino se comulga con sus obtusos e interesados propósitos. Desde luego nuestro negociador, en esta oportunidad, no se quedó atrás. Ya habla de hacer una constituyente, algo que las guerrillas de las Farc habían pedido desde un comienzo.?Por supuesto que no son desarticulados estos eventos, como tampoco el ataque mediático que se viene ahora.

El avance de las Farc para consolidar territorio lo quieren hacer utilizando la figura de las Zonas de Reserva Campesina, ZRC, amén de otras solicitudes de más territorio utilizando esquemas que ya están en la ley, pero ahora con unos ingredientes adicionales: autonomía política, económica y cultural, tal como hoy la tienen los resguardos indígenas o los territorios de los afrodescendientes, en una extensión de 9,5 millones de hectáreas. (Lea aquí -Las Farc esperan multiplicar zonas de reserva campesina-)

Pero a más de territorio, y las condiciones señaladas, las quieren también sin fuerza pública. Mejor dicho, la creación de verdaderos nichos para exportar hacia otras áreas de Colombia, la “revolución de la narcoguerrilla”. La discusión sobre este tema ha estado desenfocada, o mejor, enfocada a los objetivos de las guerrillas, pues se ha centrado en qué tanto dar sobre la base de este mecanismo. Una pausa racional sobre este y los otros mecanismos, se impone. 

¿Estudios?

Hasta donde tenemos conocimiento, ni las Farc, ni ONG de izquierda, y mucho menos el Gobierno, han mostrado siquiera un escuálido análisis –económico o social– sobre los resultados de las ZRC que han sido autorizadas, algunas de ellas des- de hace mas de 15 años.

Si nos basamos sobre sus objetivos (controlar la expansión inadecuada de la frontera agropecuaria; evitar y corregir los fenómenos de inequitativa concentración o fragmentación antieconómica de la pro- piedad rústica; crear las condiciones para la adecuada consolidación y desarrollo sostenible de la economía campesina y de los colonos de escasos recursos; regular la ocupación y aprovechamiento de las tierras baldías, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos o colonos de escasos recursos; facilitar la ejecución integral de las políticas de desarrollo rural; y fortalecer los espacios de concertación social, política, ambiental y cultural entre el Estado y las comunidades rurales, garantizando su adecuada participación en las instancias de planificación y decisión local regional), pues ninguno de ellos se ha cumplido en las 6 ZRC que hoy existen y que tienen una extensión de 831 mil hectáreas. (Acá también -Pese a oposición, Incoder planea crear Zonas de Reserva Campesina-)

Esa platica que dio el Banco Mundial para tal efecto como se dice popularmente, ¡se perdió! Mal haría un negociador, que por delegación del Presidente de la República re- presenta legítimamente los intereses de todos los colombianos, de negociar algo que no tiene resultados.

¿O alguien sabe si se ha logrado controlar la expansión inadecuada de la frontera agrícola en esos territorios, o de algún indicador que mida esos objetivos propuestos? Más aún, ¿alguien sabe cuándo ha invertido el Estado en esos territorios? ¿cómo han mejorado sus índices sociales? ¿cuánto aumentó su producto? ¿cómo se han integrado dichas comunidades al mercado?

También mal haría un negociador, comprometer al Estado en una cruzada que no va a poder cumplir. Y no lo podrá hacer porque de antaño el problema de fondo es la ausencia de Estado en los sectores rurales; es su incapacidad para entender al sector rural. Algo que viene señalan- do desde hace mucho rato y en forma insistente, Fedegán.

Sin suerte

Los diversos gobiernos abandonaron a su suerte al sector rural, en tanto que promovieron el desarrollo de los sectores urbanos. José Félix Lafaurie Rivera, el presidente ejecutivo de Fedegán, explica muy bien este tema de la inequidad del desarrollo en contra del sector rural en una publicación que hiciera en 2006, “Desarrollo y posconflicto”.

Al problema del sector rural se le ha querido dar el ropaje de un conflicto entre unos desalmados ganaderos que se apropian de la tierra de los pobres y que destruyen el entorno ambiental, de unos valientes Robin Hood que se las quieren quitar por la fuerza para hacer justicia y de unos espadachines mercenarios que trazan lo que venga sin Dios ni Ley. (Aquí -Gobierno dice que no creará Zonas de Reserva Campesina sin seguridad-)

Más aún, de la misma argumentación de la ley de las ZRC se derivan posiciones como la que afirma que “debemos evitar que los bosques hoy existentes sean transformados en ganadería, este es en la actualidad el principal motor de la de- forestación a nivel nacional”.

Se equivoca nuestro negociador cuan- do señala que “Bajo la orientación del Gobierno, buscamos en este punto una formulación que permita que esas zonas contribuyan aún más al desarrollo, mejoramiento y productividad de los campesinos más pobres”.

Si esto no se lo ha podido proporcionar a los cerca de 75 mil habitantes de esos 831 mil hectáreas de territorio que con- forman hoy las seis ZRC, sin contar con el área otorgada a las comunidades afro- descendientes, y a los territorios indígenas, mucho menos se las podrá proporcionar a 9,5 millones de hectáreas, y menos si se suman las otras solicitudes que bordean las 20 millones de hectáreas.

Pero además, de la repartición de pobreza no puede salir más que pobreza. Hoy la riqueza no está en los campos. No hay sino que mirar la información de prensa para conocer que el sistema financiero colombiano ganó, en el último año, la ‘bicocaita’ de más de 35 billones de pesos, y que Ecopetrol repartió dividendos por 4.9 billones de pesos de la utilidades de 2012, de las cuales le serán girados a la Nación $3,5 billones, o de los abulta- dos ingresos de las compañías que negocian en internet.

Es el conocimiento y las tecnologías de la información, las que en la dinámica actual, generan riqueza. En eso no puede equivocarse el Gobierno. A las guerrillas no hay forma de hacer- lo entender, o mejor, sus intereses no compaginan con esta realidad.

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