Este concepto ha sido utilizado durante años para referirse a plantas que crecen espontáneamente en los potreros y cultivos. Sin embargo, se busca sustituir esta palabra por ‘arvenses’, un término más preciso que reconoce su función ecológica.
El zootecnista Luis Hernando Solarte, profesional del área de Ganadería Sostenible de Fedegán, explicó que la palabra "maleza" genera una percepción negativa, haciendo creer que todas estas plantas deben eliminarse.
"La mayoría de la gente piensa en algo negativo, en una planta que estorba, que daña el potrero o que hay que arrancar", aseguró. (Lea en CONtexto ganadero: Conozca cuáles son los aspectos positivos de las arvenses)
En realidad, estas especies tienen funciones importantes en el ecosistema. "Las plantas arvenses nacen y crecen de manera natural, sin que nadie las siembre, y muchas veces cumplen un papel clave en la protección del suelo, la infiltración del agua y la biodiversidad", expresó Solarte.
Además, algunas especies pueden ser aprovechadas como forraje adicional para el ganado o como refugio para insectos beneficiosos en el control de plagas y la polinización.
Importancia ecológica de arvenses
Uno de los principales aportes de las plantas arvenses es su capacidad para proteger el suelo. Al mantenerlo cubierto, evitan la erosión provocada por la lluvia y mejoran la absorción del agua, permitiendo que los potreros conserven su fertilidad.
También pueden ayudar a enriquecer el suelo con nutrientes, especialmente aquellas especies con raíces profundas que extraen minerales desde capas inferiores.
Además, favorecen la biodiversidad, atrayendo insectos y aves que desempeñan un papel crucial en los ecosistemas ganaderos.
"Algunas arvenses sirven de alimento para los polinizadores, que a su vez ayudan a mejorar la regeneración natural de los pastos", señaló Solarte.
¿Cuándo son un problema?
A pesar de sus beneficios, una planta arvense puede resultar perjudicial cuando su crecimiento descontrolado afecta la producción del potrero o la salud del ganado. Esto ocurre cuando compiten demasiado con los pastos por agua, luz y nutrientes, o cuando se trata de especies tóxicas para los animales.
Sin embargo, la solución no es erradicarlas por completo, sino implementar un manejo adecuado.
"En la ganadería sostenible no se trata de acabar con todas las arvenses, sino de aprender a manejarlas, conservar las que son útiles y controlar solo aquellas que afectan la producción o la salud de los animales", enfatizó el especialista.
Estrategias de manejo
Para mantener un equilibrio entre las arvenses y los pastos productivos, los expertos recomiendan varias prácticas. Una de ellas es regular el pastoreo, evitando la sobreexplotación del suelo, que favorece la proliferación de especies invasoras. También es clave mantener una buena cobertura vegetal, lo que dificulta el crecimiento de arvenses agresivas.
Si es necesario, se pueden realizar podas o cortes selectivos para controlar su expansión sin afectar las especies beneficiosas.
El objetivo no es acabar con todas, sino lograr un equilibrio donde las arvenses no sean un problema y puedan seguir cumpliendo sus funciones ecológicas", explicó Solarte.
Ejemplos de arvenses según la región
Las especies de arvenses varían según el clima y el tipo de suelo. En zonas cálidas, son comunes el botón de oro (Tithonia diversifolia), que además se usa como forraje, y la lechosa silvestre (Euphorbia heterophylla). Otras especies como el cadillo (Xanthium strumarium) y la coronilla (Ageratum conyzoides) también pueden encontrarse en estas regiones.
En climas templados y fríos aparecen plantas como la ortiga (Urtica dioica), el diente de león (Taraxacum officinale) y algunas gramíneas nativas. En zonas de montaña, especies como la llantén (Plantago major) y la lengua de vaca (Rumex obtusifolius) cumplen funciones clave en la protección del suelo y la biodiversidad.
Al cambiar la palabra "maleza" por "arvenses", Solarte señaló que esto permite comprender su verdadero rol en los ecosistemas ganaderos y fomenta un manejo más equilibrado.
"La idea es aprender a manejarlas bien, aprovechar las que nos ayudan y controlar solo las que realmente afectan la producción o la salud del ganado", concluyó.