En el campo, técnicos y productores están cambiando la forma de hacer ganadería. La extensión rural se ha convertido en un puente vital para impulsar prácticas sostenibles que mejoran la rentabilidad y conservan los recursos. Con políticas públicas, experiencias exitosas y compromiso técnico, la sostenibilidad ya no es una utopía, sino un camino en construcción.
La extensión rural está liderando una revolución silenciosa en los campos ganaderos. En diversas regiones del país, técnicos, productores y entidades se están aliando para avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles, resilientes y rentables. (Lea en CONtexto ganadero: Extensión rural, la misión para enfrentar las crisis agropecuarias)
Esta transformación, anclada en la capacitación, el acompañamiento técnico y la transferencia de conocimiento, está marcando un antes y un después de la forma de producir carne y leche en Colombia.
En palabras de Pablo Chará, profesional en Dirección del área de Ganadería Sostenible de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), “la extensión rural ha dejado de ser solo un medio de asistencia técnica; hoy es la columna vertebral del cambio hacia una ganadería más consciente, que cuida el ambiente y mejora la calidad de vida del productor”.
La extensión rural, entendida como un proceso de construcción conjunta de conocimientos y estrategias, se ha posicionado como el motor principal de esta transición. A través de ella, se cocrean soluciones adaptadas a cada predio, considerando tanto el contexto ambiental como las metas productivas de los ganaderos.
Estrategias en territorios
Hoy existen múltiples estrategias de extensión adaptadas a las necesidades de cada región. En zonas ganaderas del Caribe, por ejemplo, las giras técnicas a predios modelo han permitido que productores de distintas escalas vean en terreno cómo se puede lograr la sostenibilidad sin sacrificar la rentabilidad.
Los días de campo, talleres prácticos y grupos de mejoramiento ganadero también se han consolidado como espacios de aprendizaje colectivo.
Por otro lado, el acompañamiento personalizado es una herramienta clave, ya que a través de visitas periódicas, el extensionista no solo evalúa el avance de las prácticas implementadas, sino que también genera confianza y motiva a los ganaderos a adoptar nuevas tecnologías, prácticas de conservación y enfoques más eficientes.
La virtualidad también ha abierto nuevas posibilidades. Cartillas digitales, webinars y contenidos audiovisuales permiten llegar a más productores, superando barreras geográficas y de acceso a la información.
Experiencias que inspiran
El impacto de estas iniciativas ya es visible en programas concretos. El Proyecto Ganadería Colombiana Sostenible es uno de los casos más destacados con más de 160.000 hectáreas que han sido transformadas hacia modelos de manejo sostenible en la última década.
En este proceso, la extensión rural fue clave para implementar sistemas silvopastoriles, conservar áreas estratégicas y mejorar la eficiencia productiva.
Otro ejemplo relevante es el Proyecto Colombia Sostenible, que, en articulación con los extensionistas y los productores, logró intervenir 461 predios mediante prácticas como el pastoreo racional, la diversificación forrajera y la protección de fuentes hídricas.
La Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) también ha desarrollado diversas iniciativas apoyadas en procesos de extensión que han permitido mejorar prácticas en varias zonas del país, aportando a la meta nacional de una ganadería baja en emisiones y más competitiva.
No obstante, la necesidad de inversiones en infraestructura o tecnologías es una de las preocupaciones de los pequeños productores, quienes no pueden costear sin apoyo externo. Por ello, es clave que las instituciones promuevan espacios de formación continua y acceso a herramientas modernas.
Las políticas públicas
Las políticas públicas juegan un papel decisivo en el fortalecimiento de la extensión rural. El Plan Nacional de Extensión Agropecuaria establece una hoja de ruta para garantizar la cobertura y calidad de estos servicios.
Sin embargo, su implementación requiere voluntad política, financiación estable y alianzas entre el Estado, el sector privado y las organizaciones de productores.
Chará destacó que “es fundamental que las instituciones educativas con enfoque agropecuario incluyan en sus currículos módulos prácticos de extensión rural para que los nuevos profesionales comprendan su rol transformador en el campo”.
Asimismo, se requieren incentivos que motiven a los productores a participar en estos programas, como acceso a créditos verdes, asistencia técnica subsidiada y reconocimiento por buenas prácticas ambientales. (Lea en CONtexto ganadero: La extensión agropecuaria sigue paralizada por falta de reglamentación de una ley expedida en 2017)
Finalmente, Chará afirmó que “si queremos una ganadería sostenible de verdad, debemos invertir en la gente que acompaña al productor, que lo escuche, que camina su finca y construye con él soluciones. La extensión rural no transforma solo sistemas productivos, transforma vidas”.