En Cubarral, Meta, un grupo de mujeres campesinas transformó sus vidas para convertirse en líderes del sector lácteo. Todo comenzó con una sola vaca preñada, pero hoy manejan su propia planta de producción y han cambiado el futuro de su comunidad. Esta es su historia de lucha, empoderamiento y éxito.
Por: Stephany Castro
En 2008, varias mujeres campesinas en Cubarral enfrentaban diversos problemas por la falta de oportunidades económicas.
Dependían de sus esposos y carecían de ingresos económicos propios, lo que limitaba su autonomía. En medio de esta realidad, aprendieron a manejar y crear sus propios negocios, a trabajar en comunidad y a ver en la ganadería una oportunidad real de crecimiento. Así fue como ese mismo año crearon la Asociación de Mujeres Campesinas Brisas de la Esperanza (ASMUC), liderada por mujeres del campo comprometidas con el desarrollo de su región, como la señora Lilia Puentes, su representante legal.
Siete años después, en 2015, Fundagán aparece en escena con el programa Una Vaca Por La Paz, entregando aproximadamente 14 vacas preñadas a estas mujeres campesinas, con el compromiso de devolver la cría para ser entregada a otra futura beneficiaria. Gracias a esta alianza, lograron generar ingresos propios sin depender de sus esposos, instalar una planta de producción láctea y comercializar la leche producida por sus vacas.
Aprendieron a elaborar quesos, cuajadas, postres, yogures, kumis, calostros y más productos derivados de la leche. Se establecieron con la venta de estos productos artesanales y fue así como alquilaron un pequeño lugar, que adecuaron con maquinaria básica que hoy les permite procesar y comercializar sus propios lácteos. La planta lleva el nombre de la asociación: ASMUC, que también es la marca con la que identifican sus productos.
Con esfuerzo, las mujeres han adquirido neveras, equipos de refrigeración y empaques especiales para sus quesos y derivados, todos con el logo de ASMUC. La asociación es un ejemplo de empoderamiento que, desde la sencillez y la determinación de la mujer rural, ha logrado abrirse camino en el sector productivo local.
Su esfuerzo rindió frutos y hoy este emprendimiento es la principal fuente de ingresos para muchas mujeres de Cubarral. Para ellas, la entrega de Una Vaca Por La Paz fue mucho más que la llegada de un animal; fue una oportunidad que marcó un antes y un después en sus vidas. (Lea en CONtexto ganadero: Fundagán y ganaderos transforman la vida de familias vulnerables en Huila)
Mujeres integrantes de la Asociación Brisas de la Esperanza (ASMUC) junto a Santiago Ayala, líder del proyecto Una Vaca por la Paz, uniendo fuerzas por un futuro más digno para el campo. Foto: Fundagán
Hoy, en 2025, viajamos a Cubarral para reencontrarnos con ellas. Recorrimos sus fincas, escuchamos sus historias y fuimos testigos de la evolución de sus vidas. Vimos los frutos de su esfuerzo y los beneficios que han logrado gracias al buen cuidado y la adecuada administración de estos animales.
Una vaca preñada que, en su momento, quizá no dimensionaron del todo, terminó convirtiéndose en la base de su sustento familiar. Lo que parecía solo un apoyo para la producción lechera, se transformó en el inicio de una profunda transformación en sus vidas y en su entorno.
Ahora, las 30 mujeres asociadas no solo gestionan su propia producción láctea, sino que también han logrado multiplicar su hato ganadero. Ahora, generan ingresos para sus familias, fortalecen su comunidad y crean oportunidades de empleo para otras mujeres de la región.
El programa Una Vaca por la Paz de Fundagán ha sido clave en esta transformación, demostrando que estas mujeres son un ejemplo de empoderamiento y resiliencia.
Mujeres como Lilia, Josefina, Nancy, Flor y Jhoana nos compartieron sus historias de superación. Antes dependían de otros para su sustento, pero hoy son líderes en sus familias, mujeres empoderadas que han encontrado en la ganadería una fuente de ingreso estable y digna.
De izquierda a derecha: Lilia Puentes, Johana y Josefina Hernández, tres mujeres campesinas y beneficiarias del programa Una Vaca por la Paz. Lilia y Josefina, fundadoras de la Asociación Brisas de la Esperanza (ASMUC), hoy transforman la vida de sus familias con la leche que producen y comercializan gracias a sus vacas. Foto: Fundagán
Testimonios que inspiran
Una de esas grandes voces es la de Josefina Hernández, quien es parte de las fundadoras de la asociación ASMUC y habitante de la vereda Brisas del Tonoa. Cuando recibió su vaca preñada, vivía en un rancho de tabla con dos piezas junto a sus siete hijos.
"Yo crié a mis hijos pobremente, no tenía una botella de leche para darles. Les hacía coladas de puro plátano negro. Y cuando llegó mi vaca por la paz, todo cambió. Con la leche hacía coladas, vendía un par de botellas, y así me sostenía. Esa vaca fue mi salvación", recuerda. Gracias a la vaca que recibió por el programa, su vida y la de su familia dieron un giro total.
La vaca, a la que Josefina bautizó "La Paz", no solo le dio sustento, sino esperanza. “Nunca pensé que una vaca me fuera a cambiar tanto la vida para mí y para mi familia”, nos dijo. Con el tiempo, logró mejorar su vivienda, aprender sobre nutrición animal y formar parte activa de la planta de producción láctea de la asociación.
Josefa, como nos permitió llamarla de cariño, se levanta temprano cada día para atender sus animales junto a su familia. Aunque la finca no es grande y el pasto no siempre alcanza, ha encontrado maneras de adaptarse y seguir creciendo. “Uno todo el día vive ahí entretenido con las vacas, que la melaza, que la sal, que la encerrada…”, dice entre risas, orgullosa de su trabajo.
Su testimonio refleja el espíritu de muchas mujeres de ASMUC: resilientes, trabajadoras y decididas a construir un mejor futuro para ellas y sus familias. (Lea en CONtexto ganadero: Fundagán y el Minuto de Dios lanzan piloto que articula programas "Una vaca por la paz" y "Mejoramiento de vivienda")
Visitar sus predios, escuchar sus historias y verlas trabajar con orgullo es la prueba de que cuando se apuesta por el campo y por las buenas prácticas de la gente, el cambio es posible.
Porque no se trataba solo de una vaca; era el inicio de un futuro con más oportunidades, para escribir una nueva historia.
Las asociadas reunidas en el punto donde elaboran y venden quesos, cuajadas, postres, yogures, kumis, calostros y más productos derivados de la leche. Foto: Fundagán